Historia

En 1919, en un breve artículo publicado en la Revista de Costa Rica, el francés J.L. André-Bonnet, notando los esfuerzos que se estructuraban a nivel nacional, pondera la importancia científica que tendría la creación de una Escuela de Antropología en Costa Rica y prefigura algunas de las tareas y los campos de estudio que tal escuela debería contemplar. Este científico es entusiasta al enfatizar que “una escuela de antropología en Costa Rica, en pleno Centroamérica, sería una preciosa adquisición para la antropología mundial.” La intuición de André-Bonnet hace ya casi un siglo, fue también experimentada por aquellos antropólogos y arqueólogos que desarrollaron un trabajo pionero en este campo en nuestro país. Sin embargo, ha sido necesario un proceso de crecimiento y consolidación de muchas décadas, para alcanzar la madurez necesaria, y con ella el punto crucial para expresar su legítima aspiración de una autonomía que permita crear y mantener las condiciones del desarrollo académico y su ejercicio profesional, de manera que sea capaz de enfrentar los nuevos retos que planteará la vida humana en el siglo XXI.

La consolidación de la Antropología como disciplina y sus campos de interés e investigación, se dio inicialmente con el desarrollo de la Arqueología en el Museo Nacional de Costa Rica, desde 1887. Animados por los resultados de investigadores extranjeros como Samuel Lothrop, desde el Museo Nacional se dieron los trabajos arqueológicos pioneros de Anastasio Alfaro, Juan Fernández Ferraz, José Fidel Tristán, María Fernández de Tinoco y Jorge Lines. Este último tuvo también un rol precursor en la definición académica de la disciplina, con la apertura, en 1941, de los primeros cursos sobre Etnología y Antropología en el seno de la Universidad de Costa Rica, fundada un año antes. Desde fines de esta década, las investigaciones antropológicas tomaron un giro más profesional con el trabajo de doña Doris Stone, tanto en antropología social como en arqueología, siempre en el marco del Museo Nacional de Costa Rica.

En los decenios de los 1950 y 1960, las investigaciones y la docencia del M.A. Carlos Aguilar Piedra y de la Dra. María Eugenia Bozzoli Vargas, en el Museo Nacional como en la Universidad de Costa Rica, en Arqueología como en Antropología Social, aseguraron a futuro la consolidación académica de la disciplina.

Los esfuerzos de don Carlos y de doña María Eugenia fueron vitales para la definición de una práctica profesional de la Arqueología y de la Antropología Social y su ejercicio por parte de costarricenses graduados en la Universidad de Costa Rica. Como es ampliamente reconocido hoy por el gremio académico y el gremio profesional, ambos fueron verdaderos pilares para el establecimiento de una formación seria y consecuente con las necesidades del país en Antropología.

Al inicio de los sesenta se dio la creación de la Comisión de Ciencias del Hombre en la Facultad de Ciencias y Letras, compuesta por profesores de cátedras de Antropología, Sociología y Psicología.  En 1961 ocurre la incorporación de doña María Eugenia Bozzoli, a cargo del curso de Antropología Cultural, y en 1962 la de don Carlos Aguilar Piedra, a cargo de las cátedras de Arqueología de América y de Costa Rica.

Luego se dio autorización a la Sección de Ciencias del Hombre para ofrecer el Bachillerato en las disciplinas de la Antropología, Sociología y Psicología, en la Sesión No. 140, Art. 2 del Consejo Universitario, el 14 de diciembre de 1964, iniciándose así la carrera de Antropología y consolidándose con la aprobación del plan de estudios de bachillerato para las tres disciplinas por la Comisión de Planes y Programas de la Universidad en el año de 1966.  Un año después se aprueba, por parte de la Facultad de Ciencias y Letras, el proyecto de convertir a la Sección de Ciencias del Hombre en Departamento, con las Secciones de Antropología, Sociología y Psicología.

El Departamento de Ciencias del Hombre se ubicó en la Facultad de Ciencias Sociales cuando ésta fue fundada en 1974 e integró las diferentes disciplinas sociales en un espacio común.  Un año después, ya establecida la unidad académica como Escuela de Ciencias del Hombre, se constituyó el Departamento de Antropología.  Desde su constitución y hasta el año de 1975 se otorgó únicamente un bachillerato generalista en Antropología con un programa de cuatro años.  Con la creación, en 1977, de la Escuela de Antropología y Sociología, con los departamentos de Sociología y de Antropología, se crearon en este dos Secciones: Arqueología y Antropología Social.  De este momento en adelante, se ofreció el Bachillerato en Antropología y las Licenciaturas con dos énfasis: en Antropología Social y en  Arqueología.

Los años setenta constituyeron indudablemente un período de crecimiento y consolidación definitiva de la Antropología Social y la Arqueología en la Universidad de Costa Rica. En esta década obtuvieron sus títulos de bachillerato y licenciatura en Antropología los primeros graduados, los que, paulatinamente, se fueron incorporando para asumir algunas tareas de docencia e investigación.

La presencia de investigadores extranjeros, durante esta época en que se consolida la formación en Antropología en la Universidad de Costa Rica, fue constante y enriqueció el acervo cognoscitivo fundamental que favoreció el surgimiento de una conciencia antropológica dentro de la Academia.  Por ejemplo, Claude Baudez, a fines de los 1950, y otros investigadores posteriormente, realizaron investigaciones que permitieron plantear secuencias cronológicas culturales en diferentes lugares del país como Guanacaste, Valle del Sapoá, Valle del Río Reventazón, Delta del Diquís y la proposición de modelos de áreas culturales, que generaron (y aún generan) debates académicos, publicaciones, discusiones.

Desde el momento en que la Universidad de Costa Rica propició un espacio de formación en Antropología, lo común fue que los investigadores extranjeros participaran en distintos grados en ella, enriqueciendo las perspectivas. A fines de los años 70 y durante los 80, los arqueólogos extranjeros, Michael J. Snarskis, Frederick W. Lange, Robert Drolet, Luis Hurtado de Mendoza, junto con don Carlos H. Aguilar, impulsaron la formación de los primeros arqueólogos costarricenses que se graduarían del Departamento de Antropología de la Universidad de Costa Rica a partir de 1985.

Los años 1990 trajeron con ellos renovados intereses por la disciplina y, consecuentemente, un auge importante en la matrícula, con lo cual se reinició el proceso de reforma curricular esbozado en los 1980.  Esta vez se trabajó en forma muy sistemática para lograr la evaluación rigurosa de la formación, sus debilidades y fortalezas y los desafíos que planteaba el futuro.  El plan de Estudios nuevo se empezó a ejecutar a nivel de Bachillerato en 1997 y el de Licenciatura en el 2000.  El riguroso trabajo en equipo que produjo esta experiencia, así como la implementación del nuevo plan, las reacciones a este y los necesarios ajustes que significaron, ayudaron a los miembros del Departamento a  crear una estructura académica más fuerte para la formación antropológica. Después de una larga negociación con el Departamento de Antropología y la Dirección de la Escuela de Antropología y Sociología, por medio de un comisión tripartita se aprobó enviar a las instancias superiores de la Universidad la propuesta de creación de la Escuela de Antropología y la consolidación de la Escuela de Sociología, aprobándose en una Asamblea Colegiada Representativa, con lo cual se inicia una nueva era en la historia de la formación de profesionales en Antropología y Arqueología.

 

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